DuPont Home
DuPont Venezuela

Historia de DuPont Global

En 1787, un joven francés de 16 años, de nombre Eleuthère Irénée du Pont, comenzaba su capacitación en la industria gubernamental de fabricación de pólvora en París. La familia du Pont tenía esperanzas de que la revolución francesa de 1789 trajera los cambios políticos y sociales necesarios, pero pronto el caos y la práctica indiscriminada de la guillotina se esparcieron por Francia, que se había convertido en un lugar inestable y peligroso. Eleuthère Irénée (a quien llamaremos de ahora en adelante E.I.) y su padre partieron con rumbo al continente americano en busca de mejores condiciones de vida y trabajo.

Los du Pont pisaron tierra estadounidense el primer día de 1800. E. I. convenció a su padre de que debían dedicarse a la fabricación de pólvora, ya que el joven que se había capacitado en esto, había absorbido el espíritu de innovación que guiaba las investigaciones del pionero de la química Antonie Lavoisier y consideraba que la pólvora era no sólo un producto viable, sino además una tecnología en evolución. 

E. I. constató que la pólvora que se fabricaba en Estados Unidos podía mejorarse; encontró fallas en casi todos los aspectos de la producción. Aseguró a su padre: “Esos competidores no han de ser de consideración”, y el gobierno tenía necesidad de pólvora de fabricación nacional. Los du Pont reunieron capital, compraron equipos y fundaron E. I. du Pont de Nemours & Company el 19 de julio de 1802.

Después de dos años de esfuerzo nació la fábrica de pólvora que los du Pont llamaron Eleutherian Mills. Las instalaciones incluían alojamiento para 30 trabajadores y sus familias. La calidad del producto era tal que pronto adquirió muy buena reputación. El secretario de Guerra de Estados Unidos ordenó que se probaran distintos tipos de pólvora de fabricación local, y declaró que la hecha por DuPont era la mejor.

DuPont fue una empresa pionera en los Estados Unidos en aplicar normas de seguridad. E.I. prefirió contratar trabajadores sin experiencia para capacitarlos en las normas y procedimientos que él sabía daban como resultado pólvora de calidad superior y mermaban los riesgos de lesiones y muertes

El 31 de octubre de 1834, a la edad de 63 años, E. I. murió de un problema cardíaco en plena calle. Uno de sus legados fue haber infundido un espíritu científico e innovador en los métodos de fabricación de Estados Unidos. Su idea fabril reflejaba las formas francesas, pero también sus propias innovaciones. Concedió a la ciencia un lugar de primer orden en el desarrollo social, apoyó las causas cívicas y de caridad, como la educación pública y gratuita, el cuidado de los no videntes y la ayuda a los más necesitados.

Los pioneros a lo largo de la frontera en expansión necesitaban la pólvora para abrirse camino, lo cual propició el crecimiento de la compañía, que conservó la visión de su fundador en cuanto a la satisfacción de una necesidad fundamental con un producto superior, fabricado por mano de obra capacitada y que trabajaba en equipo empleando la tecnología más moderna.

El siglo XX se inició con un salto de calidad de la compañía: DuPont adquirió a sus mayores competidores. Así, en 1903, se conformó el primer Comité Ejecutivo y se fundó el segundo laboratorio de investigación, la legendaria Estación Experimental —cerca de las viejas instalaciones—, de donde saldrían tantos inventos y patentes que hoy en día siguen vigentes. La distinción de este importante centro consiste en que no se ocupa en lograr mejoras en productos específicos, sino que tiene la libertad de dedicarse a proyectos de naturaleza más general, una estrategia que el tiempo confirmó como la más acertada a pesar de su audacia: investigaciones científicas sin un propósito comercial en particular, pero que a la larga traerían a la vida productos sorprendentes, como por ejemplo Neoprene, Nylon, Lycra®, y la fibra Nomex®, entre muchos otros.

La celulosa demostró ser un campo fértil de materiales útiles, como las películas cinematográficas, que DuPont comenzó a proporcionar a Hollywood en los años veinte. Las investigaciones en la celulosa produjeron la pintura Duco®, que resolvió el viejo problema de la industria automotriz, cuya producción en serie se estancaba por la falta de una pintura de secado rápido. En 1924 General Motors introdujo Duco® en todas sus divisiones. Esa pintura y los barnices derivados de la madera les daban a los muebles, superficies resistentes al agua y las manchas.

DuPont se abocó a la fabricación de cuero artificial para las industrias de encuadernación de libros, tapicería, ropa impermeable y automotriz. Hubo productos revolucionarios como Rayón y Celofán, Neoprene (caucho sintético) y Nylon, quizás el invento más glamoroso de la compañía, nacido en 1938 en la Estación Experimental, promovido ante las mujeres como un material “fuerte como el acero, fino como una telaraña y sin embargo más elástico que cualquier fibra natural de uso corriente”, pues las medias de seda perdían la forma y se rompían. Las medias con Nylon, que fueron el artículo que toda mujer quería lucir, se convirtieron en una verdadera furia de la moda, ello aparte de los mil usos que se fueron revelando para el novedoso producto. Luego vendrían muchos inventos más; quizás el más conocido de ellos sea Teflon®.

Estos éxitos tuvieron su origen en la estrategia de investigación de la compañía. En 1950, la investigación no era ya una opción para una compañía química competitiva; resultaba una necesidad. “Investigamos porque tenemos que hacerlo”, dijo uno de sus ejecutivos, porque “si desistimos, nuestros competidores nos harán pedazos”. Durante los años de posguerra la industria química creció el doble de rápido que toda la industria de Estados Unidos en ese tiempo.

En los años sesenta, la diversificación y la internacionalización fueron las estrategias clave de DuPont para un éxito continuo. En esa década, la compañía gastó 100 millones de dólares para lanzar 41 nuevos productos. Permasep® permitió desalinizar el agua de mar, al tiempo que 20 de las 21 capas de los trajes espaciales de los hombres que llegaron a la luna en 1969 estaban confeccionados con materiales DuPont.

Las operaciones internacionales de DuPont proporcionaron enormes ganancias a finales de la década de 1970. En el otro extremo del planeta, una nueva planta de productos electrónicos en Singapur aumentó la participación de la compañía en los mercados de rápido crecimiento del Lejano Oriente y de Asia. Asimismo,  en abril de 1981, DuPont adquirió la New England Nuclear Corporation en un esfuerzo por fortalecer su capacidad de investigación en las ciencias de la vida.

La empresa se aventuró en la investigación agrícola y en todo lo relacionado con el mejoramiento de las semillas y la supervisión científica de los alimentos. La afirmación de un ejecutivo de DuPont presagia el próximo cambio de la empresa: “DuPont ya no se ajusta a la definición tradicional de una compañía química. Nuestra compañía se basa en el descubrimiento”. Los esfuerzos de investigación y desarrollo llegaron hasta campos como los productos electrónicos y un grupo diverso llamado “ciencias de la vida”: biología molecular, virología, farmacéuticos y agricultura. DuPont ponía énfasis en obtener descubrimientos en biología, genética y medicina.

Henry A. Wallace (1888-1965) quien fundó la primera compañía de semillas híbridas en el mundo, que años más tarde se convertiría en Híbridos Pioneer (Pioneer Hi-Bred International), se uniría a DuPont en 1988. Wallace significó un importante cambió para la agricultura convencional, que en aquellos tiempos afirmaba que la apariencia de la mazorca de maíz determinaba el rendimiento de la cosecha.

La mayor parte de los productos con que DuPont ha hecho su contribución a que el mundo moderno sea la maravilla que es, se encuentran ocultos a simple vista, pues son la materia prima y la parte indispensable de artículos de uso cotidiano: computadoras y teléfonos que son cada vez más pequeños, dispositivos miniatura, componentes en innumerables partes de automóviles, cápsulas espaciales —como las sondas espaciales Spirit y Opportunity que transmitieron imágenes desde Marte—, paredes y techos de casas y aviones, trajes especiales que protegen del fuego y de las balas, entre otros; prodigios tecnológicos que existen gracias a que DuPont es una empresa científica, que dedica una parte considerable de sus finanzas a la investigación.

El ritmo creador de DuPont se ha intensificado en los últimos tiempos y ha producido una verdadera avalancha de progreso, porque la innovación es parte medular del espíritu de esta empresa: casi cada día se presenta un nuevo producto o una mejora. Las cifras hablan por sí solas: 34 mil patentes y propiedad intelectual alrededor del mundo, más de 2300 patentes desde 1998 y más de 25 premios desde 2002.

Productos bien conocidos y ampliamente usados como Nylon, el papel Celofán, Lycra®, Kevlar®, y Teflon®, entre muchos otros, salieron de los laboratorios de DuPont. Actualmente la compañía también interviene en el mundo de la alimentación, con la producción de mejores semillas y máquinas que miden la calidad de los alimentos.

El logotipo oval de DuPont, DuPont® y todos los productos marcados con TM o ® son marcas registradas de E.I DuPont de Nemours and Company. Con excepción de Lycra® que es marca registrada de INVISTA.